Krystof Azninski era un campesino polaco de 30 años que presumía de ser “el más macho” de todos sus amigos. Estando con estos una noche y después de haberse bebido “hasta el agua de los jarrones”, retó a sus amigos a demostrar su hombría. Se quedaron en paños menores en medio de la nieve y se empezaron a golpear con carámbanos de hielo los unos a los otros (la cosa promete, ¿eh?). Uno de ellos fue más allá y se cortó la punta de un pie con una sierra mecánica para enseñar a sus amigos lo valiente que era. Azninski no se dejó amedrentar; cogió la sierra y al grito de “ ¡Mirad esto!” se cortó su propia cabeza. Uno de los requisitos para optar al premio Darwin es que los casos sean completamente verídicos, nada de leyendas urbanas o exageraciones. Así que, sí, la historia de este campesino que se decapitó para demostrar lo hombre que era, es tristemente cierta. Lo que no se puede negar es que demostró ser ciertamente estúpido.