Pero no fue hasta 1940 cuando la ciudad señaló al culpable de su ignominia; ese año, según cuentan la mayoría de crónicas, el director del Museu del Almodí puso boca abajo el cuadro de Felipe V, un cuadro pintado por el artista local Josep Amorós en 1719 por encargo del gobierno local al vigente rey. Además encomendó que así permaneciera la imagen del rey incendiario hasta que un monarca sucesor suyo pidiese tres veces perdón por los sucesos delante del cuadro.