El Patrón de Toro, el Cristo de las Batallas, recibe culto en una ermita románica mudéjar en la vega del río Duero construida con ladrillo a finales del siglo XI, dedicada a Nuestra Señora de la Vega. La imagen del Crucificado se la relaciona con la famosa Batalla de Toro, que tuvo lugar el 1 de marzo de 1476, cuyo resultado fue la consolidación de Isabel I la Católica en el trono de Castilla frente a las aspiraciones de Alfonso V, rey de Portugal, y su sobrina-esposa Juana la Beltraneja, cuyo ejército tomó ciudades como Zamora, Toro y otras comarcas de Extremadura, siendo finalmente expulsados del reino.