Un antiguo cuento tradicional relata que un fraile mendicante cada vez que iba a comprar una docena de huevos, le decía a la vendedora: “Son para tres personas distintas, así que póngamelos separados. Media docena, para el padre prior; un tercio de docena, para el padre guardián, y para mí, que soy el más pobre de los tres, póngame un cuarto de docena”. La vendedora tardó en darse cuenta, de que la docena que pagaba aquel fraile, con picaresca tan sutil, no era de doce sino de trece huevos.