El hombre que hizo su propio obituario y lo dejó preparado antes de morir:
La semana pasada se publicó el obituario de un hombre de 80 años en un periódico local de Delaware, en EEUU. Comenzaba con una parodia del famoso sketch del loro muerto de los Monty Phyton: "Walter George Bruhl Jr. es una persona muerta, ya no existe, está privada de vida, ha fallecido, ha bajado el telón y está con el coro invisible, ha caducado y se ha ido a conocer a su creador".
Seguía diciendo cosas como "Le precedieron una hernia de disco en 1974, un trozo de tiroides en 1988 y su próstata marzo de 2.000".
Con la ironía que al parecer le caracterizaba, Walter Bruhl admite en su propio obituario que, a partir de su fallecimiento, su esposa Helene podría comprarse su abrigo de visón, al que él se había negado "porque creía que sólo los visones deben usar el visón".
Si una cosa queda clara en este auto-obituario es el deseo de Bruhl de que su cuerpo fuera incinerado, algo a lo que, confiesa mordaz, su esposa se había negado "para tenerlo de pie en la esquina de la habitación con un vaso de Jack Daniels en su mano para que pudiera parecer natural a los visitantes".
Al final del texto les propone a los dolientes que, en vez de comprar flores, se dedicaran a hacer alguna donación o acto de bondad a alguna persona desvalida. Y luego, siempre como homenaje al occiso, levantaran un vaso con su bebida favorita y bebieran a su memoria.
Su nieto lo subió a Digg y a Facebook como homenaje diciendo: "Típico de mi abuelo: eliminó intermediarios y se escribió su puñetero obituario. Es el único hombre que he conocido capaz de ponerle humor a esto. Estoy encantado de tener una última obra que leer de mi escritor favorito". El obituario ha acabado haciéndose viral y saliendo en medios de todo el mundo.
La semana pasada se publicó el obituario de un hombre de 80 años en un periódico local de Delaware, en EEUU. Comenzaba con una parodia del famoso sketch del loro muerto de los Monty Phyton: "Walter George Bruhl Jr. es una persona muerta, ya no existe, está privada de vida, ha fallecido, ha bajado el telón y está con el coro invisible, ha caducado y se ha ido a conocer a su creador".
Seguía diciendo cosas como "Le precedieron una hernia de disco en 1974, un trozo de tiroides en 1988 y su próstata marzo de 2.000".
Con la ironía que al parecer le caracterizaba, Walter Bruhl admite en su propio obituario que, a partir de su fallecimiento, su esposa Helene podría comprarse su abrigo de visón, al que él se había negado "porque creía que sólo los visones deben usar el visón".
Si una cosa queda clara en este auto-obituario es el deseo de Bruhl de que su cuerpo fuera incinerado, algo a lo que, confiesa mordaz, su esposa se había negado "para tenerlo de pie en la esquina de la habitación con un vaso de Jack Daniels en su mano para que pudiera parecer natural a los visitantes".
Al final del texto les propone a los dolientes que, en vez de comprar flores, se dedicaran a hacer alguna donación o acto de bondad a alguna persona desvalida. Y luego, siempre como homenaje al occiso, levantaran un vaso con su bebida favorita y bebieran a su memoria.
Su nieto lo subió a Digg y a Facebook como homenaje diciendo: "Típico de mi abuelo: eliminó intermediarios y se escribió su puñetero obituario. Es el único hombre que he conocido capaz de ponerle humor a esto. Estoy encantado de tener una última obra que leer de mi escritor favorito". El obituario ha acabado haciéndose viral y saliendo en medios de todo el mundo.