Así que andaban todos los muchachos como nosotros con la “Canción del pirata”, diciendo versos por decirlos, sin saber lo que significaban. El caso es que rimaran y tuvieran las palabras amor, flor, viento, cielo o mar.
Germán, que así se llama el chiguito, estaba sentado el último de una fila, rascándose la cara, con la boca abierta, temiendo que le llegara el turno de recitar sus versos, porque, como en casa no las había hecho, no terminaba de venirle la inspiración ni quedándose clisado dos horas, mirando al techo.
Germán, que así se llama el chiguito, estaba sentado el último de una fila, rascándose la cara, con la boca abierta, temiendo que le llegara el turno de recitar sus versos, porque, como en casa no las había hecho, no terminaba de venirle la inspiración ni quedándose clisado dos horas, mirando al techo.