Otra señora se quejaba amargamente de que compró una espetera y se la dieron con los hierros más derechos que velas y, claro no podía espetar nada que pesar una miaja. "Encima, decía, por menos de nada me saco un ojo". Así que, la mujer, tuvo que presentarse aquí a que se los retorciéramos con una máquina que tenemos.
Cuando vino a recoger la espetera con los hierricos bien retorcidos y bien clavos, se enganchó una media y se hizo un prendión de mil demonios.
Cuando vino a recoger la espetera con los hierricos bien retorcidos y bien clavos, se enganchó una media y se hizo un prendión de mil demonios.