Llegados a este punto quiero tener un especial recuerdo para la gran cantidad de cochinillos, corderos, pavos y demás criaturas que, en un día tan señalado han tenido a bien dejarse echar mano antes de ser acristianados por sus respectivos. Sería una lástima que, por unos malos tragos, terminaran en algún aliviador cubo de fregona. Como mínimo, y en honor a su impagable sacrificio, merecen estar repitiendo en los esófagos de quienes los engullamos al menos hasta el caldito reparador de la mañana del día 25.