MALVA: Hija mía...

Hija mía

Un retazo de cielo me ha caído en los brazos.
¿Qué voy a hacer, Dios mío? Y es más: es todo el cielo
lo que llevo en los brazos. Y yo soy tan terrestre
que no comprendo cómo puede caber el cielo
todo entero en mis brazos, cómo puede caber
el firmamento entero en los brazos de un hombre,
con todas sus estrellas, con su luna y su día,
con su azul y sus nubes pasajeras del viento,
con su silencio antiguo de galaxias que nacen
y universos que rotan.
Dios mío, es tan inmensa la dicha que me nace
de tenerla en los brazos, que se derrama el alma
como una fuente llena que no cabe en sí misma,
y la veo tan mía, tan chiquita y tan nuestra,
que no sé qué decirle, qué escribirle, qué darle,
y apenas sé mirarla como quien mira el cielo,
sintiendo que es el cielo lo que llevo en los brazos