Una anécdota del presidente de EE UU Calvin Coolidge un día de 1920.
Cuando él y su esposa visitaban una granja de pollos.
La primera dama preguntó al granjero cómo conseguía producir tantos huevos con tan pocos gallos.
Respuesta: estos cumplían con su deber docenas de veces.
“Quizá podría usted mencionárselo al presidente”, le replicó ella.
Coolidge que la escuchó quiso saber si cada gallo atendía siempre a la misma gallina.
“Ah, no”, respondió el granjero, “siempre una distinta”.
“Ya veo”, comentó el mandatario, “quizá podría usted señalarle ese detalle a la señora Coolidge”.
Cuando él y su esposa visitaban una granja de pollos.
La primera dama preguntó al granjero cómo conseguía producir tantos huevos con tan pocos gallos.
Respuesta: estos cumplían con su deber docenas de veces.
“Quizá podría usted mencionárselo al presidente”, le replicó ella.
Coolidge que la escuchó quiso saber si cada gallo atendía siempre a la misma gallina.
“Ah, no”, respondió el granjero, “siempre una distinta”.
“Ya veo”, comentó el mandatario, “quizá podría usted señalarle ese detalle a la señora Coolidge”.