Cuando es en dirección a nuestra casa, lo que se viene frotando las manos es el propio cuerpo de hombre (y el de la mujer) porque te vas a meter en casica con la bata guateada y las zapatillas de franela a cuadros. Va uno ciego al sofá antes de que vuelva a joderte el despertador para ir a trabajar, deseando volver a la rutina y al descanso.