“La pocilga de los sueños”
- Buenos días mama ¿has dormido bien?
- No mucho. He tenido el hierro de la paridera to’ la noche clavao en el entrecuesto y no me he movido por no despertaros. Así que velahí…
- Iba a desayunar pero es que se te ha manchao una miaja la tetina de baburrina.
- Anda criquero, mira a ver si te agarras bien a una que, como no espabiles, vienen tus hermanos y te rimplan to’ las tetas. ¡Que luego te quedas de alguacil, bobillón!
Según se van arrimando a mamar, el más espabilao de la camada viene vacilando, como siempre:
- ¿Y hoy no la podíamos tomar migada?
- ¡Como me hagas levantar te tiesto y así es de la manera que desayunas caliente! Andar agudos y mamar pronto que están al venir con la paniza y luego la tengo que comer helada, como to’ los días. ¡Que ganicas tengo de destetaros y que marchéis a correr pa’ La Capilla lo más cerca!
Amorrao al caño, el más pequeño de la camada mira, a través del pequeño butraco de la pared, los chupiteles de los boquizos amenazando con hacer una pitera en la cachusca del amo de la casas que anda, el hombre, preparándose para limpiar las pocilgas y el gallinero como to’ los días. Sus hermanos van terminando de mamar y empiezan a enredar por la pocilga, esperriándose bien con los meaos de la noche.
- Estaros quietos que os llenáis… y ya os estáis lavando y peinando. Y quitaros la roña de las pezuñas que da asco véroslas. Ni que fuerais a dejároslas negras pa’ ibéricos. ¡Es que me pataconan…! (note el lector que en el lenguaje porcino no procede decir estomagar sino pataconar).
Cuando, por fín, la pocilga quedó escamundadica, dos de los marranicos se entretenían, de conversación, ozando en un desollón de la pared.
- Y a ti ¿qué te gustaría ser de mayor?
- Que me llevaran, en el camión de Cagalito, a estudiar a Segovia así, si puedo, me coloco pronto de cochinillo en Casa Cándido.
- ¡No eres tú chulo ni nada! En Casa Cándido na menos ¿Acaso tienes algún enchufe? Además ¿pa qué quieres quedarte en tostón? Es mejor que pases a cebón o a marrana de cría y así duras más, bobo. Yo me conformaría con parir unas camadicas y que, al final, me colgaran los lomos en La Baltrasa o en ca’ Melquiades, aunque no sacara el graduado.
- Es verdad. Anda que si nos llevaran a Guijuelo o a Extremadura y nos soltaran por el campo, no agarraríamos un libro pero ¡cómo nos íbamos a poner de bellotas!
- ¡Bah! Pa terminar hecho finas lonchas en un plato de los caros ¿qué más nos da?
- Pues dices la verdad, pa eso prefiero terminar en un chorizo de chofe o, aunque sea, en un cacho coto rodeao de garbanzos y tapao con una miaja berza y que nos coman entre veinte o treinta del foro o en una bandeja de jeta de esas de los domingos por la mañana y si no embutido en un chorizo de los picantes que preparan en Malva.
- ¡Lo que dices! Mejor eso que andar celeminiando por ahí de la ceca a La Meca…
- ¡Ande vas a parar!
- Buenos días mama ¿has dormido bien?
- No mucho. He tenido el hierro de la paridera to’ la noche clavao en el entrecuesto y no me he movido por no despertaros. Así que velahí…
- Iba a desayunar pero es que se te ha manchao una miaja la tetina de baburrina.
- Anda criquero, mira a ver si te agarras bien a una que, como no espabiles, vienen tus hermanos y te rimplan to’ las tetas. ¡Que luego te quedas de alguacil, bobillón!
Según se van arrimando a mamar, el más espabilao de la camada viene vacilando, como siempre:
- ¿Y hoy no la podíamos tomar migada?
- ¡Como me hagas levantar te tiesto y así es de la manera que desayunas caliente! Andar agudos y mamar pronto que están al venir con la paniza y luego la tengo que comer helada, como to’ los días. ¡Que ganicas tengo de destetaros y que marchéis a correr pa’ La Capilla lo más cerca!
Amorrao al caño, el más pequeño de la camada mira, a través del pequeño butraco de la pared, los chupiteles de los boquizos amenazando con hacer una pitera en la cachusca del amo de la casas que anda, el hombre, preparándose para limpiar las pocilgas y el gallinero como to’ los días. Sus hermanos van terminando de mamar y empiezan a enredar por la pocilga, esperriándose bien con los meaos de la noche.
- Estaros quietos que os llenáis… y ya os estáis lavando y peinando. Y quitaros la roña de las pezuñas que da asco véroslas. Ni que fuerais a dejároslas negras pa’ ibéricos. ¡Es que me pataconan…! (note el lector que en el lenguaje porcino no procede decir estomagar sino pataconar).
Cuando, por fín, la pocilga quedó escamundadica, dos de los marranicos se entretenían, de conversación, ozando en un desollón de la pared.
- Y a ti ¿qué te gustaría ser de mayor?
- Que me llevaran, en el camión de Cagalito, a estudiar a Segovia así, si puedo, me coloco pronto de cochinillo en Casa Cándido.
- ¡No eres tú chulo ni nada! En Casa Cándido na menos ¿Acaso tienes algún enchufe? Además ¿pa qué quieres quedarte en tostón? Es mejor que pases a cebón o a marrana de cría y así duras más, bobo. Yo me conformaría con parir unas camadicas y que, al final, me colgaran los lomos en La Baltrasa o en ca’ Melquiades, aunque no sacara el graduado.
- Es verdad. Anda que si nos llevaran a Guijuelo o a Extremadura y nos soltaran por el campo, no agarraríamos un libro pero ¡cómo nos íbamos a poner de bellotas!
- ¡Bah! Pa terminar hecho finas lonchas en un plato de los caros ¿qué más nos da?
- Pues dices la verdad, pa eso prefiero terminar en un chorizo de chofe o, aunque sea, en un cacho coto rodeao de garbanzos y tapao con una miaja berza y que nos coman entre veinte o treinta del foro o en una bandeja de jeta de esas de los domingos por la mañana y si no embutido en un chorizo de los picantes que preparan en Malva.
- ¡Lo que dices! Mejor eso que andar celeminiando por ahí de la ceca a La Meca…
- ¡Ande vas a parar!