Me quiero yo reír, con el frío que tuvo que pasar en Rusia y lo que disfrutaba cuando se resguardaba en casa al terminar el día. Entonces no teníamos calefacción y la estufa, a esas horas de la noche, había quedado reducida a un par de badiles de ceniza pero la sensación de cobijo era más placentera cuanto más crudo se iba haciendo el invierno.