La búsqueda de la caja Itinerante ha sido una experiencia interesante. Ayer por la noche, a eso de las doce, fuimos hasta la ermita, provistos de una linterna un grupo regular de gente: Esteban, su hijo Asier y sra., Loly, Laura, Ludi, Begoña y sus hijos Marco y Hugo, y yo. Recorrimos la ermita de norte a sur, de este a oeste y viceversa 25 veces, y nada. Esta mañana a las diez y media, con la fresca volvimos Loly, Laura, Ludi, Luis y yo. Dijimos, bueno de día mal será que entre tantos no la veamos. Solo nos ha faltado escanear la ermita, pero nos dejamos el escaner en casa. Decepcionados, emprendimos la bajada y cuál sería nuestra sorpresa, que una vez pasada la curva peligrosa empezamos a ver gente en el cruce de Malva y en el de la circunvalación para Zamora. Gente.... y guardia civil con coche y motos...., y sirenas..... Dijimos ¡Ay madre que algo pasa! Alguna creyó ver incluso una manta brillante en el suelo y todo, pero no se veían coches accidentados. ¿Un atropello quizás?..... pero no. Coche que llegaba, coche que retenían, en estas estaban Geño, que venía de la huerta y nos dió unos albérchigos riquísimos, Miguel Ángel el de Súper, que iba a Fuentes a ver los conejos y algunos más que debían de ser de Bustillo. En fin, que seguimos acercándonos con el corazón en un puño y menos mal, resulta que era la vuelta ciclista a Zamora que estaba a punto de llegar. Venía de Toro e iba para Aspariegos, atravesando el pueblo. Pues allí que nos hemos quedado a verla. Les hemos aplaudido y animado a los pobres ciclistas y tan ricamente.