Creo que ya conté alguna vez que a un muchacho de Cáceres le llegó el turno de recitar el poema que les había mandado el profesor prepararse en casa el día antes:
- "A ver, fulanito, tus versos"
El chiguito se levanta respetuosamente, rascándose la cabeza como tratando de impedir que la memoria le fallara y mermara la calidad del poema y le espeta:
- "Detrás de ese cuadro encarnado
hay un pez carbonizado"
- " ¡Pero muchacho, dónde ves tú ahí la musicalidad, el sentimiento, la... la madre que te parió!"
- "A ver, fulanito, tus versos"
El chiguito se levanta respetuosamente, rascándose la cabeza como tratando de impedir que la memoria le fallara y mermara la calidad del poema y le espeta:
- "Detrás de ese cuadro encarnado
hay un pez carbonizado"
- " ¡Pero muchacho, dónde ves tú ahí la musicalidad, el sentimiento, la... la madre que te parió!"