Yo nací, como tantos otros triglicéridos, en la nalga derecha (luego me dijeron que ya no era nalga, que era jamón) de un marranico pequeño, pegando a la puente por donde después lo colgaron, al pobre, un gélido día de matanza. Había que haberlo escuchado cuando lo echaron en la tajuela y dio en berrear y berrear hasta que arreó la última coz a uno vestido con un mono azul que tiraba todo lo que podía por los grillos. ¡Que forma de gruñir el animalico!.