Antes de ir a vivir a la calle el Ochavo, lo hicimos en la casa de la carretera, así llamábamos en mi casa, a la casa frente al cura donde yo nací. Al entrar tenía lo que se conocía, en casi todas las del pueblo, como la casa, donde mi padre tenía una mesa para hacer la distribución del correo por calles, antes de salir a repartir. ¡Se dice bien que donde nuestras madres y abuelas pasaban horas y horas cosiendo y mirando por la cristalera, lo llaman “hall”!.