La bici de Alfredo era muy propia para aprender a andar en bici porque no tenía barra, con eso no tenías que andar metiendo el pie por debajo de ella, ni te tenía que abrir las carnes por el culo, si te atrevías a intentarlo por cima de la dichosa barra de los suplicios. Así que me puse, muy ufano, a dar una pedaladas, por la era de Félix Matagatos (con el aumento de la concurrencia en el foro, no sería de extrañar que alguno se ofenda por la utilización de motes, pero hay que ver lo que se acorta con ellos y no se usan con mala fe ninguna). Como digo, la barra era muy propia para noveles, pero el pedal derecho, del que sólo quedaba el eje, lo era para clavárselo hasta las trancas. De hecho, no habían transcurrido más allá de dos o tres pedaladas, cuando se me resbaló el pie y me hinqué, hasta el tuétano, el puñetero eje del pedal, como no podía ser menos. Me obsequió Don Mariano con la correspondiente inyección del tétanos y tan ricamente que me quedé.