De repente se puso todo oscuro, como boca de lobo, el airón empezó a silbar, los relámpagos cruzaban el cielo y los truenos retumbaban con tal fuerza que hacían que los pelos se pusieran de punta. Parecía que llegaba La Fin. Después el granizo cayó con fuerza y estrépito, y se terminó. Eso sí, el suelo quedó como una trilla, pero en vez de bálago eran bolas de hielo como canicas.