MALVA: ROMANCE VIII...

ROMANCE VIII

Al levantarle en la Cruz

Vuestro esposo está en la cama,
alma, siendo vos la enferma,
pasemos a visitarle,
que dulcemente se queja.
En la cruz está Jesús,
adonde dormir espera
el postrer sueño por vos;
bien será que estéis despierta.
Llegad y miradle echado,
enjugadle la cabeza,
que el rocío de la noche
le ha dado sangre por perlas.
Mas ¡cómo podrá dormir!
que y ala mano siniestra
que clavó un fiero verdugo,
nervios y ternillas suenan.
Poned, alma, el corazón,
si llegar a Cristo os dejan;
entre la cruz y la mano
porque os claven con ella.
Mas ¡ay Dios! que y ale tiran
de la mano que no llega
al barreno que a la cruz
hicieron la suyas fieras.
Con una soga doblada
atan la mano siniestra
del que a desatar venía
tantos esclavos con ella.
De sus delicados brazos
tiran juntos con tal fuerza,
que todas las coyunturas
las desencajan y quiebran.
Alma lleguemos ahora
con coyuntura tan buena,
que no la hallaréis mejor
aunque está Cristo sin ella.
Clavan la siniestra mano
haciendo tal resistencia
el hierro, alzando el martillo,
que parece que le pesa.
Los divinos pies traspasan,
y cuando el verdugo yerra
de dar en el clavo el golpe,
en la carne sana acierta.
Por los pies y por las manso
de Jesús los clavos entran,
porque a la Virgen María
el corazón la atraviesan.
No dan golpes los martillos
que en las entrañas no sea
de quien fue la carne y sangre
que vierten y que atormentan.
A Cristo en la cruz enclavan
con puntas de hierro fieras,
y a María crucifican
el alma clavos de penas.
Al levantar con mil gritos
la soberana bandera
con el Cordero por armas,
imagen de su inocencia.
Cayó la viga en el hoyo,
y al punto que tocó en tierra,
despojándose las manos
dio en el pecho la cabeza.
Salió del golpe la sangre,
dando color a las piedras
que pues no la tiene el hombre
bien es que tenga vergüenza.
Abriéronse muchas llagas
que del aire estaban secas,
y el inocente Jesús
del dolor los ojos cierra.
Pusieron a los dos lados
dos ladrones por afrenta,
que a tanto llegó su envidia
que quieren que lo parezca.
Poned los ojos en Cristo,
alma, este tiempo que os queda,
y con la Virgen María
estad a su muerte atenta.
Decidle: dulce Jesús,
vuestra cruz mi gloria sea;
ánimo, a morir, Señor,
para darnos vida eterna.