MALVA: ROMANCE VI...

ROMANCE VI

Al llevar la cruz a cuestas

La leña del sacrificio
lleva el obediente Isaac,
aunque no ha de bajar ángel
a detener a Abraham.
Que el puro y manso Jesús
que el Bautista en el Jordán
llamó cordero de Dios,
se quiere santificar.
El que entre Moisés y Elías
vieron Diego, Pedro y Juan,
en la cumbre del Tabor
lleno de luz celestial.
Este mismo muere triste
no lejos de la ciudad
porque juzguen que es ladrón
entre dos ladrones va.
Un madero lleva al hombro,
lugar en que ha de pisar
el solo racimo fértil
de aquella vid virginal.
En su delicado cuello
lleva el príncipe de paz
de dos pesadas columnas
su imperio y cetro real.
Al son de trompetas tristes
pregones injustos dan:
esta es la justicia, dicen:
pero no dicen verdad.
Si esta es la envidia dijeran,
bien pudieran acertar,
mas siempre se vale el mundo
de la disculpa de Adán.
Dicen al César quitaba
la romana majestad
para hacerse rey, quien era
hijo de Dios natural.
Mucho la pesa la cruz,
los pecados mucho más,
con ellos ha dado en tierra
pues no les puede llevar.
Llevadlos, Jesús querido,
que si vos no les lleváis,
esclavos seremos todos
del tirano Leviatán.
Cayó Cristo y por la frente
con el golpe desigual
se le entraron las espinas
lo que faltaban de entrar.
Cególe el polvo los ojos,
si el sol se puede cegar
la boca de sangre llena
se estampó en un pedernal.
Suspira el manso cordero
y ayuda pidiendo está,
y a palos, golpes y coces
le vuelven a levantar.
Como tiraban la soga
volviendo el cuerpo hacia atrás,
miró al cielo enternecido,
pero vióle sin piedad.
¡Ah virginales entrañas!
los pasos apresurad
con angélico decoro
si le queréis consolar.
Para conocer su rostro
desfigurado y mortal,
la imagen del Padre Eterno
con vuestras tocas limpiad.
Abrázale, Virgen santa,
porque si vos le abrazáis,
al regazo de esos pechos
consuelo el tuyo tendrá.
Mas el descomedimiento
de esa gente desleal,
atropellará furioso
vuestra santa honestidad.
Mejor es, alma, que vos
con vuestra cruz le sigáis,
porque quien tras el la lleva
ese le viene a ayudar.
Que si de vuestros pecados
el peso a la cruz quitáis,
haréis que ella pese menos
y Cristo camine más.