MALVA: ROMANCE IV...

ROMANCE IV

La corona de espinas

Coronado está el Cordero
no de perlas ni zafiros,
ni de claveles ni flores,
sino de juncos marinos.
Su santísimo cerebro
le traspasan atrevidos
frutos que nos dio la tierra
desde que Dios la maldijo.
Mas lo que causa dolor
es ver que se hayan subido
desde las plantas de Adán
a la cabeza de Cristo.
De zarzas está cargado
aquel soberano trigo
que el espíritu de Dios
sembró en el campo virgíneo.
Entre las espinas verdes
para mayor sacrificio,
el cordero de Abraham
está esperando el cuchillo.
Y las hijas de Sión
al rey Salomón han visto
en el día de sus bodas
coronado de jacintos.
¡Ay, divino Dios de amor!
cupido y harto escupido
de aquellas infames bocas
más fieras que basiliscos.
Venda os ponen en los ojos,
que quieren, Dios infinito,
que seáis Jesús vendado
pues fuisteis Jesús vendido.
Para daros golpes fieros
os cubren, porque imagino
que como sois tan hermoso
no se atreven sin cubriros.
Los hombres, Señor, se ciegan,
que piensan que sus delitos
no verá quien siendo Dios
ve los pensamientos mismos.
Para daros bofetadas
el hombre os hace adivino;
pues dice que adivinéis
las manos que os han herido.
Yo he sido, dulce Jesús,
yo he sido, dulce bien mío
quien en vos puso las manos
con mis locos desatinos.
Yo soy por quien arrancaron
esos cabellos benditos,
que diera el cielo por ellos
todos sus diamantes ricos.
Si viera, dulce Jesús,
la Virgen que cuando niño
los peinaba y regalaba,
arrancarlos y escupirlos!
Si ella viera maltratarlos
diera tan recios suspiros
que los ángeles lloraran
y temblara el cielo mismo.
Una vez os vio la esposa
como la rosa y los lirios
a sus puertas como el alba
coronado de rocío.
¿Cómo no llamáis ahora
al alma que está en sus vicios,
llena de sangre, que corre
sobre esos ojos divinos?
Mirad, alma, que le sacan,
y que dice el pueblo a gritos:
Jesús muera, y Barrabás
viva en hurtos y homicidios.
No seas tan dura y fiera,
que entre tanto enemigos
pidáis que viva un ladrón
y que den la muerte a Cristo.