CRÓNICAS DE UN PUEBLO
Antes de que se me olvide quería contaros una anécdota que tuvo lugar en la iglesia de Santa María la Mayor, catedral de Roma. Entrábamos a verla como cagajones por el río, como es normal cuando van más de cuatro: que cada uno fuma de su tabaco.
Yo entré de los primeros, con Choni a mi lado, dispuestos a hacer, como en todas las iglesias, alguna foto bonita. En una nave lateral nos cruzamos con un cura enorme, bragao, muy en Santacoloma, que dirían los expertos en ganadería taurina que, además de por su tamaño, destacaba por que vestía un terno muy llamativo: encarnado y blanco.
Cuando estábamos en plena cruceta, admirando las maravillas de la cúpula, pasó junto a mí Miguel, cámara en ristre, tirando por Pon. Llevaban de todo menos de ir a confesarse. Me pareció que irían detrás de aquel bicho tan tremendo vestido de encarnado, pero como al salir de la iglesia no dijeron nada, a pesar de que les tuvimos que esperar un rato, no hicimos más alto del caso.
Esa misma noche, tomando el habitual cubata preparado a conciencia por el camarero, o sea, casi sin hielo, sin limón y con Ulifresh en lugar de Coca-cola, se lamentaban Pon y Miguel de la mala suerte de no haber pillado a aquel cura en alguna acción digna de alguna foto, para podernos un rato:
-Yo creo que se lo olió, ¡menudo pájaro!, decía Miguel.
-Claro que le dio en la nariz. Como que no habrá habido más de uno mirando a ver si lo pillan bien pillao en alguna foto, apuntillaba Pon.
- ¡Con lo grande que era el bicho…! Ahora, ¿cómo coños entraría en aquel confesionario donde se metió a confesar?
- ¡Coño, marcha atrás, como las gallinas en el ponedero!
Amen.
Como Pon no abre la boca si no es para decir alguna bobada o alguna comparación histórica de las suyas, talmente ocurrió cuando a Cari propuso algo sobre la hora de tomar un aperitivo o de comer reglamentariamente, que no recuerdo bien. Lo que no olvidaré y ahora que la estoy escribiendo menos, fue la contestación de Pon:
- ¡Si no piensa más que en la comida! ¡Te pareces a la mula de Gafitas, el de Pozoantiguo, to’l día con el morro en la talega!
¡Pues así to’los días, oyes!
--- o0o ---
Antes de que se me olvide quería contaros una anécdota que tuvo lugar en la iglesia de Santa María la Mayor, catedral de Roma. Entrábamos a verla como cagajones por el río, como es normal cuando van más de cuatro: que cada uno fuma de su tabaco.
Yo entré de los primeros, con Choni a mi lado, dispuestos a hacer, como en todas las iglesias, alguna foto bonita. En una nave lateral nos cruzamos con un cura enorme, bragao, muy en Santacoloma, que dirían los expertos en ganadería taurina que, además de por su tamaño, destacaba por que vestía un terno muy llamativo: encarnado y blanco.
Cuando estábamos en plena cruceta, admirando las maravillas de la cúpula, pasó junto a mí Miguel, cámara en ristre, tirando por Pon. Llevaban de todo menos de ir a confesarse. Me pareció que irían detrás de aquel bicho tan tremendo vestido de encarnado, pero como al salir de la iglesia no dijeron nada, a pesar de que les tuvimos que esperar un rato, no hicimos más alto del caso.
Esa misma noche, tomando el habitual cubata preparado a conciencia por el camarero, o sea, casi sin hielo, sin limón y con Ulifresh en lugar de Coca-cola, se lamentaban Pon y Miguel de la mala suerte de no haber pillado a aquel cura en alguna acción digna de alguna foto, para podernos un rato:
-Yo creo que se lo olió, ¡menudo pájaro!, decía Miguel.
-Claro que le dio en la nariz. Como que no habrá habido más de uno mirando a ver si lo pillan bien pillao en alguna foto, apuntillaba Pon.
- ¡Con lo grande que era el bicho…! Ahora, ¿cómo coños entraría en aquel confesionario donde se metió a confesar?
- ¡Coño, marcha atrás, como las gallinas en el ponedero!
Amen.
Como Pon no abre la boca si no es para decir alguna bobada o alguna comparación histórica de las suyas, talmente ocurrió cuando a Cari propuso algo sobre la hora de tomar un aperitivo o de comer reglamentariamente, que no recuerdo bien. Lo que no olvidaré y ahora que la estoy escribiendo menos, fue la contestación de Pon:
- ¡Si no piensa más que en la comida! ¡Te pareces a la mula de Gafitas, el de Pozoantiguo, to’l día con el morro en la talega!
¡Pues así to’los días, oyes!
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