ROMANCE III
A los azotes que dieron a Cristo Nuestro Señor
Mira Juan por la ventana
de la casa de aquel Juez,
puesto en la columna Cristo,
su maestro, nuestro bien.
Las manos que el cielo hicieron
atadas con un cordel
en una aldaba de hierro,
que yerro del hombre fue.
Y porque a las espaldas
el mármol no alcanza bien,
tiene los brazos cruzados
para que sin cruz no esté.
Mira que vuelve el cordero
la piedra en jaspe después,
que con cinco mil azotes
le desollaron la piel.
A los azotes que dieron a Cristo Nuestro Señor
Mira Juan por la ventana
de la casa de aquel Juez,
puesto en la columna Cristo,
su maestro, nuestro bien.
Las manos que el cielo hicieron
atadas con un cordel
en una aldaba de hierro,
que yerro del hombre fue.
Y porque a las espaldas
el mármol no alcanza bien,
tiene los brazos cruzados
para que sin cruz no esté.
Mira que vuelve el cordero
la piedra en jaspe después,
que con cinco mil azotes
le desollaron la piel.