Crónicas de una letra minúscula.
EL DULCE DE MEMBRILLO
Goloso.- Aficionado a comer golosinas.
Golosarro.- Muy aficionado a comer todo tipo de dulces.
Julito.- Y yo más.
Un día en casa de Julito y Aurora, los padres de Fede y José Julio, sentados a la mesa camilla y tomando unas pastas, que Aurora decía que debía de tenerlas escondidas, sino Julito le arramplaba con todas; hablábamos de la vida y las vueltas que ésta da.
De todos es sabida la afición que tiene Julito con los dulces.
Charlando de esto y de aquello, hasta que salió a relucir un tema tan recurrente en los hombres como es el de la mili.
Nos contaba Julito, que cuando hizo la mili, le tocó servir en un cuartel donde había muchas cuadras de caballos. Él tenía a su cargo, el cuidado de un pura sangre del teniente coronel, un caballo de carreras, para el que todos los cuidados eran pocos, había que alimentarlo adecuadamente, limpiarlo, cepillarlo, revisar sus cascos, airearlo, entrenarlo etc.
Para tal fin entre otras prebendas, recibía Julito semanalmente una caja de dulce de membrillo en lata, de las de a 5 kilogramos, como las que tenían en la tienda la señora Ignacia o el señor Constantino para despachar por partes o trozos a la clientela. Tenía un Santo en la tapadera, no recuerdo cual era.
El dulce era por supuesto para el caballo, para proporcionarle las energías suficientes que lo empujasen hacia la victoria en las carreras.
Continuaba Julito con los cuidados y las necesidades del cuadrúpedo, pero cuando volvió al tema del dulce de membrillo, me dijo:
- ¿Probaste tú aquel dulce?
- ¿Pues el caballo tampoco!
EL DULCE DE MEMBRILLO
Goloso.- Aficionado a comer golosinas.
Golosarro.- Muy aficionado a comer todo tipo de dulces.
Julito.- Y yo más.
Un día en casa de Julito y Aurora, los padres de Fede y José Julio, sentados a la mesa camilla y tomando unas pastas, que Aurora decía que debía de tenerlas escondidas, sino Julito le arramplaba con todas; hablábamos de la vida y las vueltas que ésta da.
De todos es sabida la afición que tiene Julito con los dulces.
Charlando de esto y de aquello, hasta que salió a relucir un tema tan recurrente en los hombres como es el de la mili.
Nos contaba Julito, que cuando hizo la mili, le tocó servir en un cuartel donde había muchas cuadras de caballos. Él tenía a su cargo, el cuidado de un pura sangre del teniente coronel, un caballo de carreras, para el que todos los cuidados eran pocos, había que alimentarlo adecuadamente, limpiarlo, cepillarlo, revisar sus cascos, airearlo, entrenarlo etc.
Para tal fin entre otras prebendas, recibía Julito semanalmente una caja de dulce de membrillo en lata, de las de a 5 kilogramos, como las que tenían en la tienda la señora Ignacia o el señor Constantino para despachar por partes o trozos a la clientela. Tenía un Santo en la tapadera, no recuerdo cual era.
El dulce era por supuesto para el caballo, para proporcionarle las energías suficientes que lo empujasen hacia la victoria en las carreras.
Continuaba Julito con los cuidados y las necesidades del cuadrúpedo, pero cuando volvió al tema del dulce de membrillo, me dijo:
- ¿Probaste tú aquel dulce?
- ¿Pues el caballo tampoco!
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