MALVA: Premio a la sapiencia culinaria...

Premio a la sapiencia culinaria

El club gastronómico Ciudad del Romancero reconoce con su cordón de honor a Josefa Pascual (Casa Pepa) de Ferreruela por su labor en pro de la cocina tradicional

De izquierda a derecha, Amador Isidro, Josefa Pascual Fínez y Jesús Quintas en el acto de entrega del galardón.

CELEDONIO PÉREZ. No está a la vanguardia de la gastronomía nacional al uso. Le importa un pimiento la espuma de trufa o la reducción de foie maridada con esencia de espárrago, pero sintetiza el vademécum del cocinero: nutre y hace disfrutar al comensal, respetando colores y sabores de los alimentos, siempre de calidad y cargados de la esencia de la tierra, si son de la Sierra de la Carba, el puro sumo. Es Josefa Pascual Fínez, rostro, manos y sapiencia de Casa Pepa, un restaurante abierto en Ferreruela de Tábara. Acaba de ser reconocida con el cordón distintivo del club gastronómico Ciudad del Romancero «por su cocina tradicional, afabilidad de trato y trabajo en pro de recuperar la gastronomía tradicional, la de siempre».
Josefa Pascual Fínez y su marido Angel Alonso Vara llevan mucho tiempo haciendo posible lo imposible, que miles de personas se desplacen hasta su casa a comer. Da igual la distancia o el punto de partida. El rincón de la Sierra de la Culebra que cobija a Ferreruela es, para muchos, el último reducto de la cocina tradicional, la de siempre, la que está basada en la exquisitez de los alimentos naturales.
Casa Pepa no es un restaurante de lujo, no lo necesita para dar bien de comer; no es una atalaya de la "nouvelle cuisine", el placer está en lo hondo no en la piel; no aparece en las guías refinadas, casi siempre el disfrute está unido a lo sencillo; no tiene estrellas Michelín, la calificación la ponen cada día los comensales. Todos estos argumentos los han tenido en cuenta los socios del club gastronómico Ciudad del Romancero para reconocer la labor de Pepa.

El presidente del colectivo gastronómico zamorano, Amador Isidro y el secretario, Jesús Quintas, entregaron recientemente a Josefa Pascual el cordón distintivo del club en un acto que se celebró en el propio restaurante y en el que estuvieron presentes numerosos socios.
La cocina de Pepa es sencilla, pero tampoco huye del refinamiento cuando cuadra. Lo que la ha hecho famosa, sin duda, son sus contundentes primeros contenidos en ollas. Ahí están las patatas con pata, o los habones, una delicia con un toque especial, el que le pone la maestría aprendida en el fogón. Tampoco huye del popular cocido, pero con una pizca de salsa tabaresa. Y en los segundos levanta la mano y los bendice, o eso parece, cuando sirve las carnes de la zona o el pulpo, o todos aquellos platos que aprovechan la fuerza de las materias primas de temporada.
La marca de identidad de Pepa es un corazón con dos salientes, donde se acurrucan la cantidad y la calidad. Porque si algo tiene la cocina de Josefa Pascual es alma. Alguien me contó no hace mucho que después de comer a cuerpo de rey, se levantó y fue a pagar. Notó a Pepa algo contrariada: « ¿Qué sucede?». «No, nada». «Algo te pasa, Pepa». «Es que no estoy nada conforme con las natillas porque los huevos no son de casa, los tuve que comprar en la tienda porque se acabaron los míos». La cocinera confesó su "fallo" ante alguien que había comido allí por primera vez. La anécdota la define. Una cocinera de verdad.