ïbamos una tarde, sería
verano, los dos, cada uno en un burro. Andrés en una burrica gris pequeña y muy ligera que tenía mi abuelo Andrés, y yo en otra burra grandota y muy panderón que era del sr. Rogelio,
camino de la
huerta nuestra, a regar cuatro
sandías y cuatro melones que teníamos plantados.