Invitamos a probar aquella delicatessen a Eugenio y a Miguel, el padre de Montse. Como nosotros ya habíamos cenado, les hicimos sentar, uno frente a otro, con una mesa de camping entre los dos y junto a la puerta que daba al corral. Sin que lo notaran mucho, había entrado Ángel, el Majo, al corral, con idea de soltar la vaca y darles un susto.