MALVA: En un cántaro que nos dejó la señora Avelina, la madre...

En un cántaro que nos dejó la señora Avelina, la madre de Benja, guisamos a la lumbre, una alubiada de tres pares de narices. Entre lo colorao y las guindillas que les echamos, cada cucharada nos hacía un surco en la lengua y otro en la gorguera. De la zona de la puente, o sea a la salida, no ocurrió nada más destacable que los ruidos propios de los hollejos, además de que a más de una almorrana le lloraban los ojos.