Seguimos con la novela:
Por la cuesta Patinas bajaba envelocinao, el Tabique de Tomasín. Venía delante de un cantazo, del paso que traía, por andar a la oreta de la perra de Julio. Felisín tiene la parte pa los Mostinales, en la raya Castronuevo, y como le queda mu a trasmano, ha cargado la molienda con alma, pa no echar dos viajes: un zoco pan, una vela chorizo, un par de torresnillos, una naranja y una pera. ¡Ah!, y un escarbadientes. Debe ser pa él y pa la burra... Por lo menos las cascas de la naranja y de la pera.
En las alforjas, tiene siempre a mano la cayada con la que, mas frecuentemente de lo que la burra quisiera, mide las costillas al animal, como premio por vigilarle el almuerzo con tanto celo como ansia.
Por la cuesta Patinas bajaba envelocinao, el Tabique de Tomasín. Venía delante de un cantazo, del paso que traía, por andar a la oreta de la perra de Julio. Felisín tiene la parte pa los Mostinales, en la raya Castronuevo, y como le queda mu a trasmano, ha cargado la molienda con alma, pa no echar dos viajes: un zoco pan, una vela chorizo, un par de torresnillos, una naranja y una pera. ¡Ah!, y un escarbadientes. Debe ser pa él y pa la burra... Por lo menos las cascas de la naranja y de la pera.
En las alforjas, tiene siempre a mano la cayada con la que, mas frecuentemente de lo que la burra quisiera, mide las costillas al animal, como premio por vigilarle el almuerzo con tanto celo como ansia.