MALVA: Enterado, Ladino, de que Eugenio y Aurelia tenían una...

Enterado, Ladino, de que Eugenio y Aurelia tenían una kika en edad de merecer y con el fin de gallarla, les concedió la gracia de cederles un par de kikis que tenía desocupados en su granja a condición de que, al acabar la juerga, uno de los kikis volviera a su granja en Toro. Como no podía ser menos, los kikis terminaron a hostias por la kika y, uno de ellos, acabó sus días en la reyerta. El tal Ladino debía ser un negociante de cuidado porque se las arregló, tan ladinamente como su nombre nos permita redundar, para que el kiki cedido a Aurelia fuera el muerto y el vivo volviera con él, a Toro.

--- o0o ---