Hasta que nosotros nos hicimos mayores y organizamos algún que otro trofeo el día de fiesta. Le pedíamos a Toño el Molinero que nos diera el polvo de paniza que iba a tirar y lo utilizábamos para marcar las líneas del campo. Luego hacíamos unos hoyos y clavábamos los palos que hacían de postes. Para el larguero usábamos una cuerda que no atábamos hasta última hora para que a alguno no le diera la tentación de rimplárnosla. De los pocas veces que jugamos, recuerdo el día que nos enfrentamos a Castronuevo y terminaron pegándose Alfredo y Paco, el hermano de Flugen, por una falta mal señalada. Miguel, que era el árbitro, termino expulsando lo mismo a Paco que a su hermano.