Hay un rincón, donde se han hecho mucha lumbres, que por el corte del terreno y lo vertical, a mí me parecía el abismo de los abismos. Allí, por cierto, cayó de joven, mi tío Nino. Pero había otras zonas más aprovechables para lo que nos interesaba. Por ejemplo, al cabañal de Manolito lo tenían tan acribilladico los melgos, que su madre le llegó a ofrecer un dinero para comprárselo y así evitarse posibles multas o desgracias.