Otras, en el rebanzón, donde Miguel y Masero lucían sus habilidades en el trepidante juego de las mecas. Y las más de las veces en el juego pelota, jugando al “Colo” o a “El bote”, que no consistía más que en esconderse todos menos el que se la quedaba y, cuando encontraba a alguno, tenía que llegar corriendo hasta el bote, que se dejaba en medio de La Capilla y contar “un, dos, tres por Fulanito”. Pero como se descuidara una miaja, alguno de los escondidos salía corriendo, le daba una patada al bote y se la volvía a quedar el mismo.