El juego del “Cinto”, además de en la portalada de la escuela, se jugaba también el en rincón de la Señá Isidora, y consistía en sentarse cuatro o cinco chiguitos, bien juntitos y pegados a la pared. Por detrás de ellos escondían un cinto que trataba de buscar otro muchacho, metiendo la mano por donde podía, al tiempo que vigilaba por si los de los extremos le arreaban algún cintazo que le calentara el culo. Si te pillaban con el cinto en la mano perdías y te tocaba buscarlo a ti.