Como en esa asignatura no les mandaban coger apuntes, les hacían jugar al fútbol. Si Pon tenía que correr un poco, siempre era en dirección contraria a dónde estuviera el balón, no fuera a ser que le tuviera que dar una patada y todo. Don Luis, que era pequeñico, pero mu rabiao, era el árbitro. Pegado a la banda, deambulaba sin pena ni gloria Tarzán, un personaje muy básico, natural de Pozoantiguo, donde también se le conoce como “Remolacha”. Como su participación en el juego era escasa, Don Luis quiso probar las virtudes del tal Tarzán y, tras pitar una falta, le ordenó:
“-Tarzán, saca la falta.”
“-No puedo, Don Luis, tengo un clavo en el juanete y le doy mal al balón.”
“- ¡Que saques la falta, te digo!
“-Mire Don Luis, que la voy a preparar, que le doy picuda y...”
“- ¡Malo, que saques la falta y te dejes de bobadas!. ¡Piiiiiiii!”
“-Tarzán, saca la falta.”
“-No puedo, Don Luis, tengo un clavo en el juanete y le doy mal al balón.”
“- ¡Que saques la falta, te digo!
“-Mire Don Luis, que la voy a preparar, que le doy picuda y...”
“- ¡Malo, que saques la falta y te dejes de bobadas!. ¡Piiiiiiii!”