MALVA: CRÓNICAS DE UN PUEBLO...

CRÓNICAS DE UN PUEBLO
Con veladas tan amenas como la de anoche, como pa que no te surjan ideas sobre las que escribir. Lo que pasa es que alguna de las sugerencias no pueden escribirse porque, seguramente alguien se molestaría. Me refiero al tema de los motes. Recuerdo que, cuando Ga llegaba al pueblo a pasar el mes de agosto, pasábamos las entresiestas, y algunas noches también, juntos. En más de una ocasión sacamos el tema de los motes de la gente del pueblo y nos pasábamos una juerga de cuidado: “Fulanito, el no sé qué”. Ja, ja, ja. “Menganita, la no sé cuál”. Ja, ja, ja.
La otra sugerencia es la de Anastasia, Narcisa e Isaías. Os acordaréis casi todos de que Isaías era el más famoso mataperros de la comarca. La gente le daba una propina para que acabara con la camada de perros que te hubiera parido la perra o para acabar con las perros más viejos que, en cada casa, había que ir eliminando.
De Narcisa y Anastasia, recuerdo que eran encantadoras, lo que se dice unas bellísimas personas. Anastasia andaba algo coja, pero sobre todo destacaba por tener las posaderas muy atrás. La pobre andaba muy agachada. Durante el mes que sustituía a mi padre en la cartería, tuve que ir a pagarles la pensión. Entre paréntesis, quiero deciros que había alguna propina golosa, de diez duros, pero otras eran de una peseta, y porque no aparecía la moneda de dos reales, aquella del agujero.
En casa de Isaías, nos teníamos que sentar en la camilla, Anastasia y yo. Yo le daba el dinero y sacaba el libro dónde me tenía que firmar. Le tenía que ir dictando letra por letra para que pusiera su nombre. Mientras, Narcisa iba buscando, por todos los cajones, todas las pesetas que pudiera. Llegaba a darme 35 pesetas de propina. Y no valía decirles que lo dejaran, que no anduvieran rebuscando. ¡Qué buena gente!

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