MALVA: Las quejas de los vecinos eran tan evidentes que no...

Las quejas de los vecinos eran tan evidentes que no hacía falta ir a preguntarles nada; se oían a través del hueco de la escalera. Cuando les llegó la hora de salir, Pon y Miguel bajaron con mucho sigilo para evitar algún encuentro indeseado. Pero cuando estaban atravesando el jardín de la entrada, oyeron:
- ¡Chisssst, chisssst!, ¡eh, el gordo!, voceaba una mujer desde el balcón.
-No mires que es a mí, decía Miguel, aligerando el paso.

¡Qué te costaba darle una c... correcta explicación!

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