Una cosa es decirlo y otra es verlo, aunque sea por teléfono. Se oyen los cubitos contra el vaso y las caladas, ¡peefff, peeefff!, pa que no se le apague la faria. ¡Vaya una humalera!
Y si le añades, lo pegajoso que es el sol y
sombra, no te digo nada, necesitará una pala para desencombrar.