Las palabras se las lleva el viento (lo escrito permanece), porque contra el viento no puede nada nuestra voluntad. Ya lo mencionó
León Felipe, en uno de sus poemas.
“El viento es un exigente cosechero:
El que elige el trigo, la uva y el verso…
El que sella el buen
pan,
el buen vino
Y el poema eterno…”