MALVA (Zamora)

Palomares con nieve
Foto enviada por LUZ

La verdad es que con estas crónicas que nos relatas cada día, nos haces sentir cada vez más cerca de nuestro querido pueblo.
Ahora cuando les den por entrar, van a entrar todas en canal.
Hoy no he entrado porque he sufrido un percance gordo en la cocina.
Desde luego que erais el "terror Heliodorun", y seguro que de alguien más de los que ibais a Toro. Vamos, que no provocasteis accidentes porque Heliodoro sabía ejercer la autoridad.
Así que, uno en cada asiento del camión, velábamos el sueño del primo, en medio de la nada, porque no he advertido que había niebla, pero que, aunque no la hubiera, no había luz ninguna, ni referencia que nos indicara dónde coño estábamos, hasta que:
- ¡Chacho! ¡Carlos! ¡que son las cuatro!
- ¡Cómo si son las catorce!, nos contestó desde la cama.
- ¡Esta si que es gorda!. Y ahora, ¿qué hacemos?
-Vamos a echar un cigarro ahí fuera y ya veremos...
Nos has matao, sigue hombre...
Como, en aquellos tiempos no existían control alguno de cogorcemia, porque aquello ya pasaba de alcoholemia, arrancamos con idea de descubrir América, aunque antes tuvieramos que descargar algún camión en el monasterio de la Rábida o por allí cerca. A los pocos kilómetros, de pasar Salamanca, al primo Carlos Alberto le iba atacando el sueño, un poco por el vino y otro poco porque eran las tres de la mañana. En cuanto vio una gasolinera, que a esa hora estaba cerrada, paró a echar una cabezadita ligera ... (ver texto completo)
Dicho y hecho. Al poco rato, en una plaza de Villamayor un camión de noventa y seis ruedas, por lo menos, maniobra espectacularmente: Brooooom, broooom, pssssss, psssss. Más chulos que un 88, bajamos Miguel y yo de aquel camión que nos parecía descomunal y nos disponíamos a lo nuestro. ¡Leña con el vino!.
- ¡Venga, ponle un vino a estos primos míos, y a mí dame otro! ¡que no decaiga!
A los tres o cuatro bares, ya barruntaba Miguel lo que terminó pasando:
-Yo lo que tengo miedo, decía, es que se ... (ver texto completo)
Tanto a Carlos Alberto como a nosotros, nos iba entrando una euforia que no temblábamos.
- ¿Cómo va a ir, este hombre, solo hasta Huelva?, ¿y si vamos contigo?
- No hacías mejor cosa, nos decía, os ganáis unos durillos cargando y descargando el camión, y luego os subo, a uno hasta Madrid y a otro hasta Salamanca.
-Venga, tira hasta Huelva, pero déjame que llame a la consigna de la estación de Auto-res, no sea que, por no ir a recogerlas, se deshagan de las maletas que facturé desde León.
Llegando a Benavente, nos pidió que le esperáramos en un bar que había en el cruce, pues tenía que acercarse a casa, a darse una ducha, coger algo para el viaje y darle el suyo a la mujer, nos imaginamos nosotros. Vimos todo el partido que la selección española empató a cero goles con la de Alemania Democrática y cuando daban la repetición de las jugadas, Carlos Alberto se presentó a recogernos como un calcetín dado la vuelta: lentillas, camiseta ajustada al pecho, pelo algo más revuelto,.. era otro
¡Segunda noche de “estudios” al cinto!. Al día siguiente acompañamos a Fede, que subió en un autobús plateado de la empresa Fernández, con destino a Zamora, mientras Miguel y yo nos planteábamos la forma de hacer lo propio. Acordamos ir a dedo, pero en lugar de hacerlo cada uno para un lado, decidió acompañarme a Salamanca y desde allí, saldría para Madrid como pudiera.
Tomando aquella cerveza, charlábamos de lo que iba a ser mi primer año en la Universidad (para ellos ya era el segundo), de lo bonito que era Salamanca y las juergas que se corrían allí los estudiantes. A mí, cada vez me entraban más ganas de ir, sobre todo, cuando Pedro Luis se ofreció a llevarnos con su coche. El plan era el siguiente:
Recogeríamos a Fede, en el piso que tenía alquilado en Zamora, llevaríamos mi maleta al mío en Salamanca y allí mismo facturaríamos las maletas de Miguel con destino ... (ver texto completo)
Y hablando de Viriato, ya están poniendo los tenderetes en la Plaza del mismo, para la feria de la cerámica.
Pues vamos con la crónica.
Hoy, tratará de lo que sucedió, un día, en el autobús que nos llevaba a Toro en la época de estudiantes.
Será posible que no me vea nadie?