Pobre Maru, como tú dices, a mí me da una pena. No sé si será porque como era de nuestra panda, y hemos jugado juntas, (y la hemos esquivado muchas veces también), me da mucha lástima.
Es verdad, Msol, probre Maru, cómo tiene que ser su vida, tan sola y en el
pueblo en
invierno. Creo que no tiene más que una radio que la mantiene en conexión con el mundo.
Menos mal que tiene buenas vecinas al lado de la
escuela. Con la madre de Montse y Teonila debe estar acompañada. Me imagino yo en su misma situación y creo que me moriría.