Abro la
puerta sigilosamente, para no hacer ruido, me imagino que la mayoría estará sobeta durmiendo la
siesta (una de las palabras que exportamos al mundo), o comiendo, miro hacia un lado, al otro y no veo a nadie, tranquilidad absoluta, no se mueve una mosca, claro estamos en
invierno. Y menudo julepe hubo anoche, el teléfono descolgado, alguno que no quiere que lo despierte alguna señorita del banco tal, de la conexión a Internet más rápida y barata e incluso de
Santa Lucía para menesteres funerarios.
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