Y si dais leche a Bernardo
porque su madre os alabe,
mejor Jesús la merece,
pues madre de Dios os hace.
Dulcísimo
Cristo mío,
aunque esos labios se bañen
en hiel de mis graves culpas,
Dios sois, como Dios habladme.
Habladme, dulce Jesús,
antes que la lengua os falte,
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