Fue un subidón. Estabamos muertos y ganamos en el último suspiro.
Lo de Ian Poulter de la segunda jornada fue algo fuera de lo normal. La forma de ganar y de celebrar los cinco últimos hoyos fue bestial, y eso que era para quedar 4 por debajo. Solo ver los ojos que ponía cuando iba metiendo un putt tras otro levantó el ánimo a toda Europa (incluída la troika). El sábado por la
noche perdían por cuatro pero el domingo por la mañana, antes de reaunudar, es como si pueran ya empate: ¡qué espectáculo!