Las aguas claras del Montoya van bajando. A su paso acarician berros, marisilvas y junqueras. En ellas se miran al espejo los chopos, álamos, olmos y algún saúco. Varios mirlos picotean en sus márgenes. Un ruinseñor posado en una rama de la arboleda trina y a veces se detiene para escuchar las suave canción del aguas. Mientras esto sucedía la tarde del día de Santiago, El Piñero seguia disfrutando de sus fiestas. Con bullicio, alegría, cordialidad y buen yantar, a ritmo de los compases de la charanga. ... (ver texto completo)