Áridos
campos con viñedos, que en
invierno mantuvieron esqueléticos los troncos de las cepas. El sol de marzo hizo apuntar los botones de las yemas, abril dejo que tiernos brotes nos hablaran de
primavera. Mayo le dio esplendor y fuerza, para que en junio florecieran. Con julio crecieron los sarmientos y las holas se hicieron inmensas, para cobijar los racimos, que creo la primavera. Agosto comenzó a darle
color, con una maduración lenta, hasta que llegó septiembre que le dio el dulzor, que solo
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