Estos días de San Pedro con la luz crepuscular, son buenos para pasear por las calles que en su día caminaba doña Urraca, y detenernos a contemplar el portillo por dónde salió a uña de caballo, pero sin espuelas el cid. Por mil veces que pase por esos lares, las mil veces volveré la cara a mirar la entrada de la iglesia de Santa María Magdalena. Recuerdo yo... Era a principios de los setenta. Una noche de otoño en el salón del bar, una señorita de la Catedra, nos explicaba diapositivas de los monumentos ... (ver texto completo)