En una ocasión, paseando por un pueblo perdido de nuestra piel de toro, me acerqué donde se encontraba algo parecido a una plaza de toros, digo parecido porque aquello más que una plaza de toros se podía llamar un asentamiento, que en tiempos se construiría con el fin que fuera; pues aprovechando que un barranco hacía casi completo un círculo, colocando aquellas recias piedras a modo de gradas y habiendo completado con ellas el círculo del ruedo, tres viejos burladeros daban constancia de que aquello ... (ver texto completo)