Marchaba despacio por el sendero que atraviesa los campos, cuando el sol poniente guardaba sus últimos rayos. Las luces se hundían cada vez más en la sombra, y la tierra, desierta tras la siega, descansaba en silencio.
De repente, surcó los cielos la voz penetrante de un niño. Tal vez su casa le aguardaba al final de la seca planicie, tras los cañaverales, bajo la sombra amable de los plátanos, las delgadas arecas, los cocoteros y los verdinegros árboles del pan.
Detuve por un momento mi andar ... (ver texto completo)
De repente, surcó los cielos la voz penetrante de un niño. Tal vez su casa le aguardaba al final de la seca planicie, tras los cañaverales, bajo la sombra amable de los plátanos, las delgadas arecas, los cocoteros y los verdinegros árboles del pan.
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